Esta mañana he desayunado con esta triste notícia: Rulo, cantante de La Fuga, abandona el grupo cántabro, supuestamente a causa de las tensiones originadas por la última gira.
Nunca he sido un gran fan del grupo (reconozco, sin embargo, que durante tiempo he tenido varias canciones suyas en mis MP3 ), pero no hace falta serlo para darse cuenta que la mesa quedará coja. Si algo destacaba de La Fuga era la característica voz de Rulo.
Veremos en que acaba la cosa, aunque es frustrante ver como se repite la história de Platero (salvando las distáncias evidentemente) y volvemos a perder un buen grupo, algo que escasea en el panorama musical actual. Espero y deseo que a Robe no se le gire la pinza un día de estos y nos deje sin Extremo.
Os dejo con uno de mis temas favoritos, si os gusta podéis escuchar más aquí, aquí y aquí.
Hoy hablaremos del maravilloso mundo de las series.
Desde que terminé la quinta temporada de Lost (al ritmo USA como un buen frikazo, por supuesto) he vagado por diferentes series sin encontrar algo decente para substituirla. Reconozco, de todas formas, una falta considerable de empeño por mi parte.
Lost vuelve en febrero
Ayer, dispuesto a poner fin a mi particular sequía, puse a descargar el piloto de Flash Forward. ¡Bendita la hora! ¡Que gozada de capítulo! Consigue meterte de lleno en la trama (¿comoo?¿ya han pasado 45 minutos?) y sentir la necesidad de ver otro capítulo para entender que demonios está pasando. Altamente recomendable.
Pero aquí no acaban las buenas notícias. Esta noche, Friday Night Lights vuelve a la carga con la cuarta temporada. Se intuyen cambios y renovaciones pero espero y deseo que no pierda ese encanto que la hace imprescindible. Sin duda, los mejores diálogos y planos que he visto en este formato.
Clear eyes, full hearts, can't lose!
Creo que con estas dos podré mantener el mono a la espera del retorno de Lost (en febrero, confirmado). Pero por si acaso, tengo en el tintero verdaderas bombas que, por una razón o otra, dejé a medias en su momento. Californication, The Wire y Los Soprano. Por ese orden.
On the other side, que dirian en inglés, dejo definitivamente aparacadas series que no han conseguido aportarme nada. Gossip Girl solo alcanza la categoría de mediocre por la gran cantidad de jamonas que nos ofrece, mientras que los guionistas de Heroes han perdido totalmente la cabeza, conviertiendo la serie en un sinsentido. One Tree Hill nunca me pareció gran cosa y nunca le llegó a la suela de los zapatos a The OC y a su genial final de primera temporada.
- “Enciendes el televisor y ves una jugada de este tipo, y otra, y otra. Y, Lama, que no entiende de esto, se quedó hasta el final”.- “¿Pero y este tío? ¿De donde ha salido este tío?”- “ Son dos jugadores que viven de la fantasía”- “Hay que alimentarse de este tipo de cosas”
Dos minutos de conversación sirven para entrever que clase de jugador es Jason Williams. Solo para entrever. Para comprender realmente todo su magnetismo es necesario verle en acción.
Así lo quería él: nunca le gustó dejarse ver fuera de las canchas. Ya hablaba suficiente en ellas.
Nunca fue All-Star, aunque protagonizó más highlights (mejores jugadas) que nadie.
Nunca fue un icono de la NBA, aunque, durante años, su número 55 de Sacramento arrasó, en forma de camiseta, por las calles americanas.
Niños negros (y blancos, y amarillos) con la camiseta de un jugador blanco. ¿Blanco?
“White Chocolate” : Un base blanco que jugaba como un negro. Fácil y pegadizo. Incluso nuestro amigo Montes se rindió ante la brillantez del mote.
Huía de los convencionalismos. Cada pase, cada dribbling, cada tiro, era pura fantasía. Solo él podía ponerse a comer palomitas tras un pase en contraataque. Aunque, a decir verdad, solo él podía dar ese pase.
Si Daimiel, el abono de 82 partidos estaba justificado.
Llegó a los Kings en el 98 y desplegó su magia durante 3 años en Sacramento. Tras un gran año rookie (incluido en el mejor quinteto de debutantes de la temporada), consiguió mejorar sus prestaciones en el segundo (13 puntos y casi 8 asistencias de media). El equipo se convirtió en la mayor atracción de la liga, con un juego vertiginoso que cautivó a miles de aficionados y les valió para meterse en playoffs, donde fueron eliminados por los Lakers.
Aunque empezó la siguiente temporada flirteando con las drogas (reconocido consumidor de marihuana) y perdiéndose algunos partidos, Sacramento volvió a ser una de las sensaciones de la NBA con Williams como timonel. Pese a un espectacular record de 55 victorias y 27 derrotas, los Kings sucumbieron en segunda ronda, una vez más, contra la todopoderosa fiebre amarilla.
Tras ser eliminados, el equipo buscó un cambio de rumbo y Jason se convirtió en cabeza de turco. Sus pérdidas y sus desplantes a aficionados y managers pesaron más que su talento y sus geniales malabarismos. Los mismos que le habían aplaudido y vitoreado le hicieron perder la fe en su juego.
Podría contar que nuestro hombre jugó con Pau Gasol en Memphis o que, varios años más tarde, ganó un anillo en Miami a las órdenes de Pat Riley. Y que se retiró en 2008 para no ser suplente de Baron Davis en los Clippers, y ha vuelto este año para serlo de Jameer Nelson en Orlando.
Pero no serviría de nada. Una vez fuera de Sacramento la llama se apagó. Le cortaron las alas e intentaron cambiar su forma de entender el juego y Jason nunca volvió a disfrutar de él. El artista perdió las ganas de crear, de componer.
“Me han robado mi alma de negro y cambiaría todos los porros que he fumado por recuperarla y volver a jugar un partido en el Arco Arena al lado de Chris Webber”. Ojalá fuese tan fácil.
Jason recibiendo ordenes
En este baloncesto actual, donde priman los sistemas, las defensas zonales, la pizarra y el catenaccio, ver el juego de Chocolate Blanco me dibuja una sonrisa en la cara. Como dijo el gran Daimiel: “por esto tiene que existir Jason Williams“
Publicado en Música el Octubre 19, 2009 por moodycation
Tirando de clásicos, vamos a Rock&Golear un poco (103.80FM!!)
GOD by John Lennon
God is a concept,
By which we can measure,
Our pain,
I’ll say it again,
God is a concept,
By which we can measure,
Our pain,
I don’t believe in magic,
I don’t believe in I-ching,
I don’t believe in bible,
I don’t believe in tarot,
I don’t believe in Hitler,
I don’t believe in Jesus,
I don’t believe in Kennedy,
I don’t believe in Buddha,
I don’t believe in mantra,
I don’t believe in Gita,
I don’t believe in yoga,
I don’t believe in kings,
I don’t believe in Elvis,
I don’t believe in Zimmerman,
I don’t believe in Beatles,
I JUST BELIEVE IN ME,
Yoko and me,
And that’s reality.
The dream is over,
What can I say?
The dream is over,
Yesterday,
I was dreamweaver,
But now I’m reborn,
I was the walrus,
But now I’m John,
And so dear friends,
You just have to carry on,
The dream is over.
Llevo un buen rato intentando escribir algo pero no puedo. Simplemente no quería cerrar esto sin dedicarle 5 minutos al mayor jugón del periodismo, que consiguió engancharme a esto cuando apenas levantaba un metro del suelo.
Nos quedaran momentos como éste y sus motes. Sobretodo sus motes.
Publicado en Divagaciones el Octubre 16, 2009 por moodycation
Ramón gasta barba de siete días, viste ropa sucia y vieja y tiene el semblante serio. Sus tristes ojos transmiten una falta de ilusión, una indiferencia tan grande hacia aquello que lo rodea, que asusta.
Mi mamá dice que la vida le ha dado muchos palos y que es un alma perdida. Por eso bebe tanto. O que es una alma perdida por beber tanto, no sé, nunca me ha quedado claro el orden.
A Ramón le veo todos los días, al volver del cole, siempre sentado en la misma mesa del bar de Manolo, enfrente de casa. Me pregunto si Manolo la guardará especialmente para él o si Ramón se despertará muy temprano para que nadie pueda quitársela. Lo que sí sé seguro, es que la mesa es muy importante para él.
Siempre me guiña un ojo. A veces, incluso, cuando Carlos no mira, me regala alguna golosina y me alborota el pelo. Parece muy simpático.
Carlos es el novio de mi madre y a él no parece gustarle Ramón. Lo sé por como le mira, por como apresura el paso cuando nos cruzamos con él. No entiendo el porqué pero no me preocupa, no siempre entiendo a los mayores.
Carlos usa ropa limpia y se afeita cada mañana. Uno necesita estar presentable si trabaja en un importante banco, dice. Está siempre alegre, la vida le sonríe y es un hombre de bien. Al menos eso dice mi mamá.
Ahora ella trabaja mucho. Todas las noches se viste muy elegantemente, se pinta los labios y se pone unos tacones muy altos. A veces me da la risa mientras la veo intentar mantener el equilibrio por el pasillo.
Mamá siempre me recuerda que es una suerte que Carlos se quede en casa, cuidando de mí. Dice que debemos estarle muy agradecidas.
Él es tan bueno que, a menudo, se mete conmigo en la cama, y, bien arropados, me acaricia y me besa por todo el cuerpo.
Así, dice, no extraño a mamá y me protege de indeseables como Ramón.